El Infierno Imaginario

Un punto de vista personal sobre el mundo, la experiencia y la vida

¿A dónde vamos?

Hace mucho que tengo este blog abandonado, mis disponibilidades de tiempo, últimamente muy escasas, no me permiten actualizarlo; y tampoco mi estado de animo es favorable a ello.

La verdad es que ni siquiera ahora dispongo de mucho tiempo para ello, por lo que mi comentario va a ser corto, a pesar de lo mucho que habría que hablar sobre ello.

El caso es que saliendo del trabajo, para ir al medico, bastante más temprano de lo habitual, me cruce, al pasar por los tornos de seguridad, con una multitud que esperaba para entrar en los despachos externos, fuera de la zona de seguridad, donde se realizan entrevistas con proveedores, futuros franquiciados y candidatos del departamento de personal. Los que estaban esperando correspondían a estos últimos.

En la mayoría se veía una mirada de hastío, de cansancio… una sensación como de estar allí para cubrir el expediente o, en muchos casos, en los mayores que les acompañaban, la dudosa esperanza de librarse de una carga.

Lo que me llamó la atención fue la mirada de una mujer, más mayor que la media de los demandantes, que también estaba rellenando la solicitud de empleo, preceptiva en mi empresa (en realidad en muchas empresas que, por motivos legales derivados de la ley de datos personales, se niegan a aceptar curriculums redactados independientemente y se restringen únicamente a dichos formularios con todas las cláusulas legales de autoprotección que los abogados son capaces de localizar o inventar frente a una administración cuya principal misión es multar a las empresas) sentada en uno de los sillones de la entrada.

Me miró al salir y me siguió con la mirada mientras recorría el vestíbulo. Nuestros ojos se cruzaron y vi en ellos una intensa, pero sana, o eso me pareció, envidia. Un gran deseo de poder estar en mi lugar… aunque ignoro si porque tenía trabajo o porque salía a tan temprana hora.

No estoy en el departamento de personal, y por ello en eso quedó la cuestión, pero si lo hubiera estado posiblemente había indagado más. Pues, sinceramente, de todo el vestíbulo lleno solo en ella noté verdadera intensidad e interés por el trabajo. En el resto, estaban más interesados los inductores que los propios “interesados” lo que debería llevarnos a reflexionar sobre el tipo de sociedad que estamos creando.

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Jueves, 3 - marzo - 2011 - Posted by | Social

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