¿Amigo?
Ya en otros lugares hemos comentado la influencia que ejercen los Juegos de Rol en la literatura Fantástica hoy día, este es un ejemplo de ello, un cuento corto que en realidad relata, mas o menos, el final de una partida.
A David Pico, por lo mucho que sufrió para que esta conversación tuviera lugar y su aventura acabara tal y como el máster la pensó hace tres años.
Y a todos aquellos que participaron en la primera parte y cuyos personajes no son ni mencionados.
En una habitación de la ciudad de Englewood se reunían un hombre, una mujer y un elfo. O al menos eso parecía…
–Bueno –dijo el hombre– ¿usamos los nombres de nuestras almas o de nuestras mentes?
–A mi me da lo mismo –repuso el elfo– pues son el mismo.
–Yo –dijo la mujer– estoy más cómodo si usamos los de nuestras mentes.
–Bien –repuso el hombre – pero espero que nadie nos interrumpa, pues sonaría raro que mi cuerpo, el Conde Vlad Tsepes, llamara al tuyo precisamente Conde Vlad Tsepes en lugar de Sacerdotisa Bortha.
–No creo que nadie lo haga.
–Bueno –cortó el elfo– vayamos al asunto: Nuestra reorganización.
–Si –dijo el hombre– si os relajáis abandonaré mi parte en ti – señalando al elfo – y entraré en ella.
–Espera –pidió ella.
–¿Qué quieres ahora Conde?
–Me prometiste un cuerpo en exclusiva. Sé que este no tiene tanto poder como el mío, pero tiene potencialidades y quiero desarrollarlo.
–No –replicó el hombre–. Te prometí TÚ cuerpo en exclusiva. Y eso es lo que tendrás.
–Pero, si a ti no te gusta ser conocido.
–Ya lo sé.
–Sí –cortó el elfo– pero ya os dije que estas mujeres eran raras y que no valía con ellas aquello del poder tras el poder. Aquí la que manda, manda.
–Al menos quiero el anillo. Tú no lo necesitas. Haz uno falso y úsalo, pero dame el autentico.
–El anillo es el signo del poder en la orden y como tu teoría era falsa lo necesito. Cuando no lo necesite ya veremos. Además, si bien quiero este cuerpo, en su mayor parte, no lo quiero en exclusiva. Ya sabes que ocupar un cuerpo en exclusiva gasta mucha energía y limita mucho las ocupaciones.
–Bien, entonces tú entras y yo me quedo ¿no?
–Sí. Por cierto creo que dijiste, la última vez que nos vimos, que no merecía la pena siquiera molestarse por la pequeña.
Dolindo, el joven
Dolindo Latirondel Dimirolinadiono era un elfo joven de solo sesenta años, pues cuando uno puede vivir hasta mas allá de los trescientos con sesenta solo es un adolescente.
Dolindo Latirondel Dimirolinadiono vivía a la sombra de la Gran Torre del Reino del Bosque de Elimet. Era la Gran Torre, sin nombre, pues solo había una, ya que los elfos del bosque no construyen para vivir y la única construcción que existía era la Gran Torre que era la Academia de Magia.
Dolindo Latirondel Dimirolinadiono tenía un nombre corto, para ser elfo, pero largo para pronunciarlo, así que todos lo llamaban Dolindo. Lee más »








